Leiva llegaba al Movistar Arena de Madrid el martes 29 de septiembre de 2026 con una misión bastante concreta: poner a latir la ciudad con el Tour Gigante ante una enorme expectación y con las entradas agotadas.
El repertorio que circuló por las almas en la noche del show resume bien la arquitectura del espectáculo: veinticuatro canciones que atraviesan Gigante, recuperan distintas etapas de su carrera y reservan un tramo especialmente reconocible para las canciones de Pereza. La fotografía final de la velada, de gran carga emotiva, va directo a ese rincón especial de nuestro hogar. Merece ser impresa en papel noble.
Leiva hace levitar el recinto
El arranque estaba escrito para entrar directo en materia. Bajo Presión abrió el concierto y colocó desde el primer minuto el nuevo repertorio en el centro. Después llegó Cuarentamil y La Lluvia en los Zapatos. El efecto es el de una banda que no necesita demasiada introducción: canción, respuesta del público y miles de latidos acompasados.

Dueño de un directo atrapante por demás, como ya os pudimos contar este verano tras su actuación legendaria en el Sonorama Ribera, el madrileño es profeta en su tierra y más allá. Leiva sigue ampliando su leyenda, como cuando agradece con emoción a su hermano Juancho por estar a su lado a pesar de los inconvenientes de salud.
De Gigante a los recuerdos que ya tienen otra vida
Gigante apareció pronto, como correspondía al disco que da nombre a la gira. Le siguieron Lobos, Terriblemente Cruel, Superpoderes y Sincericidio. Es uno de los tramos donde el concierto encuentra su identidad más contemporánea: el repertorio reciente convive con canciones que el público ya ha hecho suyas durante los años anteriores.
Con Breaking Bad y El Polvo de los Días Raros, el pulso se mantiene alto antes de entrar en Ángulo Muerto, Shock y Adrenalina y Flecha. La secuencia tiene algo de montaña rusa bien calculada, con guitarras afiladas, cambios de intensidad, líneas de bajo con crudeza, voces muy bien producidas y unos tambores que se abrazan con la sección de percusión formando un tornado voraz ante un público que toma como dogma cada intervención del artista.
El primer bloque desemboca en Cortar por la Línea de Puntos, una de esas canciones que funcionan especialmente bien y permite que la voz colectiva de las gradas y la pista forme parte del arreglo y sea una. Pero si hubo un instante especialmente emotivo fue cuando indicó que serían registrados los coros de la multitud en la grabación de Palomas de Amazon. El respetable traía los deberes de casa y, junto al frontman, crearon una de las postales mágicas de las tantas que hubo en la noche. Es para destacar cómo la producción del Tour Gigante ya había demostrado en las primeras fechas madrileñas un montaje de luz y sonido muy pulcro, con un tratamiento visual especialmente trabajado y que envuelve al espectador de principio a fin.
Robe, la memoria y una guitarra con nombre propio
A partir de El Hombre Pájaro, el concierto cambia de temperatura. La canción de Robe Iniesta se había convertido durante esta gira en uno de los momentos más delicados, sensibles y lacrimógenos del repertorio. En Madrid, Leiva la interpretó solo con guitarra acústica y pidió silencio antes de comenzar; la guitarra llevaba el nombre de Robe grabado. Ese momento había adquirido ya una carga especial durante el verano. En Sonorama Ribera, El Hombre Pájaro dejó al público en silencio antes de desembocar en una ovación cerrada. En Madrid, el homenaje encaja además con Caída Libre, canción que Leiva compartió con Robe en Gigante. El repertorio convierte así la ausencia en una presencia concreta dentro del concierto: una canción, una guitarra y un recuerdo que atraviesa el alma.

Después llega Pienso en Aquella Tarde, de Pereza, y el concierto empieza a abrir de par en par la puerta de la memoria. No Te Preocupes por Mí recupera otra etapa de la carrera en solitario de Leiva, mientras Como Lo Tienes Tú devuelve al público a Pereza. A esas alturas, las canciones ya no pertenecen únicamente al escenario. El recinto las devuelve en forma de coro. En la velada hay nostalgia, sentimientos, garra, amores perdidos, batallas en curso, amores ganados y poesía que atraviesa las espinas dorsales de miles de fans a la vez.
Estrella Polar y Lady Madrid completan ese bloque. Son dos títulos asociados de manera directa a la historia de Pereza y, por extensión, a una parte de la biografía musical de Leiva junto a su buen amigo Rubén Pozo. Madrid es un templo y el stage, el hábitat natural de un cantante que deslumbra en la ciudad donde creció. El show fue uno de esos rituales donde la nostalgia y la euforia se dan la mano de forma eléctrica.
El último tramo: tres canciones y una despedida arrasadora
Después del himno Lady Madrid y un pequeño receso, llega el bloque final con Caída Libre, Como Si Fueras a Morir Mañana y Princesas. Es un cierre apoteósico en Madrid.
El público ha vibrado con el ritual. El setlist fue lava ardiente que se ha depositado en el interior de los fans y estos lo han recibido con el alma abierta de par en par. La noche de Leiva ya se encuentra grabada con letras doradas en las páginas sagradas del libro eterno de la música de Madrid.
Leiva pasó por el Movistar Arena siendo arropado por miles de seguidores que quedaron extasiados ante un enorme directo del artista. Y ya se sabe, no hay nadie más Gigante que él sobre un escenario.



