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Sobredosis se despide en Madrid con una noche de heavy metal sin concesiones

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Sobredosis, la legendaria banda española de Heavy Metal, regresaba para ofrecer el último concierto de su trayectoria y lo denominaba ¡Solo una noche! Sobredosis en directo en La Sala del Movistar Arena de Madrid, en el marco de una nueva edición del festival Bee Week.

Al llegar a las inmediaciones del recinto, observamos cómo una larga fila de fans aguardaba a que abrieran las puertas, se saludaban y compartían anécdotas de aquellos años en que la agrupación madrileña hacía temblar los escenarios de toda la península. Había mucha expectación en el ambiente y se notaba esa aura especial de último cañonazo en la trayectoria de la banda. Era una cita con el cierre de una historia. Se respiraba despedida, pero también celebración.

Inicio de la liturgia

Dentro, el recinto queda en penumbras, el abundante humo dice presente, mientras una intro colosal alistaba los esqueletos para la ceremonia de rock y un riff eléctrico, cargado de voltaje titánico, cual relámpago, rompe esa neblina y desata la primera de las ovaciones de la velada, mientras los músicos van tomando posiciones y, certeramente, disparan en primer término con Ritual, del recordado álbum Caliente Como Un Volcán.

Un tren de fuego y sin frenos

Al frente del timón, José Pajarito de Benito y Luis García, en guitarra y batería respectivamente, marcaron el rumbo con esa mezcla de oficio y electricidad que no se aprende en manuales. A su lado, un verdadero dream team: Juanjo Melero en guitarras, Samuel Leirado al bajo y las voces compartidas de Bon Alcon y Johan Cheka, alternando protagonismo con naturalidad. Estos dos últimos afrontando algunas piezas en solitario y, en otros pasajes, aportando a la vez sus golas. Una velada de rock en toda su magnitud.

Sobredosis se despide en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

El logo de la banda, fijo en la pantalla todo el directo, es como una señal luminosa que envuelve y protege cuando brotan las primeras lágrimas de emoción de algunos fans al volver a oír en vivo los himnos del combo por última vez. Se cierra una etapa, pero se abre otra: Sobredosis pasa a la inmortalidad.

La maquinaria ya estaba lanzada. No hay freno ni marcha atrás. Sin concesiones, fueron cayendo piezas como Caliente Como Un Volcán y Extrañas Criaturas. La banda sonaba compacta, directa, sin adornos innecesarios. Cada riff tenía peso, cada golpe de batería encontraba eco inmediato en el pecho del público, las voces al frente, un bajo marcando el pulso y todo eso, sumado al acompañamiento incesante de los fans, dan como resultado un espectáculo inolvidable.

El recinto al completo se ha montado en la locomotora imparable de Sobredosis, la cual va a echar todo el carbón en la caldera por última vez y guiará al respetable por un camino cargado de clásicos. Había en el ambiente ese aroma de energía intacta, ejecución precisa y una química que no admite dudas.

Invitados, sabiduría de riffs y memoria compartida

A lo largo de la noche honraron su legado de más de 45 años, revivieron su historia con honor y rubricaron que están más presentes y más fuertes que nunca. Uno de los momentos más celebrados llegó con Víctimas Del Asfalto. Luis García presentó a Juan Huerta Sánchez, primer vocalista de la banda, que subió al escenario para compartir el tema. Hubo algo simbólico, como si el círculo se cerrara frente a todos.

Bajo El Fuego, del álbum Sangre Joven, reforzó esa sensación de banda que nunca perdió colmillo. Ellos mismos habían avisado en la entrevista que nos concedieron que era la última noche y que bajarían el telón definitivamente al concluir el concierto. Pero, después de ver el show, observando lo acompasado y contundentes que suenan, es como si hubieran bebido de la fuente de la eterna juventud de Juan Ponce de León. Solidez, combustión, energía, sabiduría y velocidad al por mayor.

Sobredosis se despide en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

Entre tema y tema, Pajarito se dirigió al público con una frase que cayó como gasolina: sois los culpables de que estemos aquí hoy, gracias por la respuesta. La sala respondió con una ovación larga, sin prisa por terminar. El fuego ni dejaba de crecer.

Entre largas cabelleras, camisetas de bandas históricas y de conciertos legendarios ocurridos en España, había que sumarle la presencia de ilustres músicos del panorama nacional que no querían perderse esta última e inolvidable noche. Desde mi posición también pude ver cómo los dioses más madrileños, Cibeles y Neptuno, meneaban sus cabezas y hacían cuernitos al ritmo de Tú No Eres El Mejor, para la cual invitaron a Manolo Arias, de Niágara, y su electricidad a la guitarra. Luego llegaron Sucio Embaucador, No Puedo Vivir Sin Ti y Corriendo Salvajemente, esta última acompañada por la presencia de Julio Castejón, histórico de Asfalto, que dedicó unas líneas cargadas de respeto al grupo.

Erupción volcánica total en la ciudad

Tanto Luis como José agradecían por el cariño, el apoyo y la paciencia de sus familias correspondientes para poder llevar a cabo esta última ceremonia de rock. Presentaban a sus compañeros de escenario con emotivas palabras y proseguían descargando canciones en versiones muy afiladas como Fuera De Control, Dinosaurio, Dinero, Mujeres Y Rock y Sangre Joven mantuvieron la combustión.

A esas alturas, la sala era un bloque. El público cantaba incluso los pasajes instrumentales. El sonido acompañó en todo momento, siendo limpio, potente, sin saturaciones innecesarias. La iluminación supo reforzar cada clímax sin robar protagonismo a lo esencial: las canciones.

Sobredosis se despide en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

Los cuerpos echaban llamas, la platea seguía latiendo al unísono y Neptuno y Cibeles se refrescaban con zumo de lúpulo y cebada fermentado. Madrid era un volcán por obra y gracia de los Sobredosis, que transformaban cada acorde en lava ardiente. El talento del combo se reflejaba en la manera colosal de ejecutar cada canción. Era palpable la química entre el grupo y el virtuosismo bajaba desde las tablas hasta la marea de seguidores llegados desde distintas partes del país y se incrustaba directamente en sus almas. Nadie quería faltar a la noche donde el rock purificó los cuerpos.

Recta final: historia y despedida

Lamentablemente, somos prisioneros del tiempo y las agujas son tiranas con nosotros. En la recta final, ejecutan sublimemente Chico, seguido del clásico Tal Como Soy, de Sangre Azul, y Doctor, Doctor, de UFO, interpretado junto al talentoso Niko del Hierro, de Saratoga, y concluyen apoteósicamente con su himno Alíate. Canción que terminó de condensar todo lo vivido. La banda se despidió dejando que la música hablara.

Eran las once de la noche cuando se apagaron los últimos acordes. El público tardó en moverse. Nadie quería romper el momento. El grupo bajó el telón, sí. Pero lo hizo con la sensación de haber firmado una despedida a la altura de su carrera: directa, honesta y con el volumen bien alto.

Sobredosis se despide en Madrid
Foto: Mauro Nicolás Gamboa

Cibeles y Neptuno saltaban para agarrar púas, cuales trofeos sagrados de una velada épica, y se retiraban lentamente, mezclándose con el público, que lucía extasiado después de haber sido testigo privilegiado de una oda al Heavy Metal en Madrid.

Sobredosis ponía fin a su carrera, elevándose directamente al olimpo nacional, con una noche de rock, historia, honor, legado, familia y amigos.

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Autor

  • Sobredosis se despide en Madrid

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.

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