Hay jornadas que no se miden por el reloj, sino por la cantidad de veces que te quedas con la boca abierta descubriendo una banda nueva. El pasado 2 de mayo, el Estadio Fray Nano dejó de ser un lugar de jonrones para convertirse en un refugio de honestidad. Esta tercera edición del Sonorama México aterrizó en la capital no como un evento masivo más, sino como una oportunidad real para ver qué traen los grupos de fuera y cómo responden los de casa.
Lo que destacó fue la curiosidad compartida. Había una mezcla entre los fans que ya se sabían todas las letras de las bandas españolas y un montón de nosotros que íbamos con la libreta abierta y las ganas de conocer sonidos diferentes. Ese intercambio de «mira cómo tocan estos» fue lo que le dio el sentido real al día.

El desembarco: Paso a paso bajo el sol inclemente de la CDMX
La tarde la abrieron Las Dianas y no pudieron elegir mejor. Fue un golpe de punk-pop descarado que nos sacudió el calor de encima y nos recordó que el rock sigue siendo ese espacio para divertirse sin filtros. Su set fue directo a la yugular, con una actitud que dejó claro que no venían de paseo, sino a reclamar su lugar en el campo a base de guitarrazos y buenas letras.

Después llegó el turno de Mäbu, y el ritmo cambió por completo. Fue una pausa necesaria, casi introspectiva, con una ejecución técnica tan cuidada que nos obligó a poner atención a cada detalle. La voz de María Blanco flotó sobre el estadio, demostrando que en este intercambio cultural también hay lugar para la sofisticación y los matices que te llegan al centro sin necesidad de gritar.

Bajo un sol que todavía no daba tregua, Whisky Caravan subió el volumen para dejar claro que lo suyo es el rock visceral. Son una banda de puro oficio que no sabe tocar a medias; se les nota esa crudeza de quienes se han curtido en las tarimas y que, incluso ante un estadio, no perdieron ni un gramo de su esencia.

La energía dio un giro festivo con Tu Otra Bonita. Su mezcla de ritmos alternativos y esa vibra tan particular transformaron el Estadio Fray Nano en una fiesta justo cuando la tarde empezaba a ceder. Lograron romper la rigidez del rock más tradicional, inyectando una dosis de energía y frescura que puso a todo el mundo a tono para lo que venía en la recta final.
A la hora de Despistaos, el escenario se llenó de esa autoridad que solo dan los años de carretera. Los de Guadalajara, España, no vinieron a cumplir y ya; dieron una cátedra de cómo se sostiene un festival con buenos riffs y letras que le llegan a cualquier persona en el planeta. Fue un set cargado de veteranía y potencia, demostrando por qué son una institución del power pop español.
La liturgia de la honestidad y el rugido local
Pero si buscamos el momento donde se nos puso la piel de gallina, lo de La M.O.D.A. fue el combustible real del festival. Verlos dejar la vida en cada acorde, con esas voces rasgadas y un sonido que suena a lo que es, sin filtros, nos regaló esa dosis de buena vibra que tanta falta hace. La unión que se armó entre el público y los músicos no la dio ninguna otra banda en toda la jornada.

Sin embargo, todo el festival fue un preludio para el momento en que Odisseo tomó el escenario. Siendo los únicos representantes mexicanos del cartel, la presión era alta, pero lo que dieron fue un golpe de autoridad absoluto. En lo que representa su único show en la Ciudad de México en todo el año, la banda no solo cerró el festival; reclamó la propiedad del mismo.

Avisaron que sería un concierto largo, y cumplieron cada minuto. Desplegaron una cátedra de rock melancólico con sintetizadores en primer plano y la iluminación más trabajada de la noche. La voz de Juan Pablo se entrelazó con un público que estalló al reconocer himnos que ya son parte del ADN de la ciudad, creando una atmósfera de nostalgia moderna y potencia que solo ellos saben construir.
Odisseo no solo cumplió; fue el broche de oro. En su casa, punto.
Sonorama México ’27: La historia continúa
Un par de horas antes de que culminara el festival, el organizador del festival, Javier Ajenjo, subió al escenario para soltar la primicia: Sonorama México 2027 ya es un hecho.
El anuncio, respaldado por las imágenes en las pantallas, reveló un avance del cartel que ya nos tiene haciendo cuentas: La Casa Azul, Mikel Erentxun, Ángel Stanich, Comandante Twin, Merino e Oslo Ovni son los primeros confirmados para la próxima edición.

Si esta tercera edición fue un desembarco de lujo, el 2027 apunta a ser la consolidación definitiva de este festival en suelo mexicano.
Nos vemos el próximo año.




