Hay conciertos que emocionan y que consiguen detener el tiempo durante unas horas para recordar por qué la música continúa siendo uno de los lenguajes más poderosos jamás creados. La noche del 11 de julio de 2026 en Noches del Botánico, dentro de la celebración del décimo aniversario del ciclo madrileño, fue un verdadero oasis de arte en su máxima expresión en Madrid.
El doble cartel formado por Alabama Shakes y Joel Culpepper reunió dos maneras muy distintas de entender la música de raíz contemporánea, aunque ambas compartían un mismo denominador común: la autenticidad. El británico calentó el ambiente con un recital elegante y magnético antes de que la formación estadounidense firmara uno de los grandes conciertos que ha dejado esta edición del festival. Una jornada de magnetismo repartida en dos capítulos memorables.
Alabama Shakes y la ceremonia del fuego sagrado
Todo tiene un comienzo y la música nunca tendrá un final. Lo que sí posee es un presente extraordinario gracias a bandas como Alabama Shakes. Aquella amistad nacida hace más de quince años en un instituto del estado de Alabama continúa ofreciendo una de las propuestas más honestas, profundas y emocionantes del panorama internacional. Sobre el escenario del festival estival en la capital española, el grupo norteamericano rubricó que el blues, el soul y el rock sureño siguen teniendo mucho que decir cuando se interpretan desde la verdad. Con un directo enorme en matices y de una limpieza casi antológica, la banda apareció acompañada por un sólido coro que terminó de envolver un espectáculo: todo estaba al servicio de las canciones.

Aunque en Madrid da el calor tregua, sabes que el Real Jardín Botánico de Alfonso XIII tiene la capacidad de transforma los conciertos en rituales al aire libre. Un espacio donde el sonido es nítido, la producción cuida cada detalle y el ambiente se siente extrañamente íntimo. El sábado 11 de julio de 2026 quedó marcado en el calendario del décimo aniversario del festival como una de esas citas de puro fuego y raíz.
Al frente, una gigantesca Brittany Howard presidía la ceremonia con su guitarra y una presencia escénica inigualable e imposible de imitar. La apertura llegó con Time, una de las composiciones incluidas en I Must Be Dreaming, el nuevo álbum que verá la luz el próximo 28 de agosto. La canción sirvió para abrir una ventana hacia el futuro de la banda, aunque durante toda la noche quedó claro que el grupo atraviesa uno de los momentos más inspirados de su trayectoria.

La voz que incendia cualquier escenario
Hablar de Brittany Howard continúa siendo hacerlo de una de las grandes voces del siglo XXI. Su registro parece no conocer límites. Es capaz de acariciar una melodía con una delicadeza casi susurrada y, apenas unos segundos después, desplegar una potencia que llena cada rincón del recinto. Su capacidad para colorear cada frase convirtió el concierto en una montaña rusa emocional donde cada canción adquiría una personalidad diferente y propia.
En Rise To The Sun, Hang Loose e I Ain’t The Same, el público respondió formando un enorme latido colectivo. Miles de personas bailaban, levantaban los brazos y cantaban mientras cada acorde parecía recorrer el auditorio de extremo a extremo. La banda sonó absolutamente compacta durante toda la actuación. El piano aportaba profundidad, el bajo hacía levitar al público, las guitarras descargaban electricidad constante y la batería marcaba un pulso que parecía sincronizarse con los corazones de todos los presentes.
Un repertorio construido sobre tres grandes discos
El repertorio viajó constantemente entre Boys & Girls, Sound & Color y el inminente I Must Be Dreaming, mostrando una evolución artística que jamás ha perdido el contacto con sus raíces. Las nuevas Another Life y American Dream convivieron con absoluta naturalidad junto a clásicos que ya forman parte del ADN de la banda.
Uno de los grandes momentos llegó con la secuencia formada por Future People, Guess Who, This Feeling e I Feel Hope Coming, cuatro canciones que funcionaron como un auténtico viaje emocional donde el rock alternativo, el soul, el blues-rock y el southern rock convivieron en perfecta armonía.
Después apareció uno de esos himnos capaces de detener cualquier conversación. Hold On transformó el recinto entero en un inmenso coro. La vegetación del Botánico parecía moverse al ritmo de la música mientras buena parte del auditorio cerraba los ojos para dejarse abrazar por unas melodías interpretadas con una sensibilidad extraordinaria.
En varios pasajes del concierto, las guitarras parecían desafiar a la propia voz de Brittany Howard en un precioso duelo artístico para descubrir cuál de las dos era capaz de resultar más incendiaria. Nadie ganó porque ambas terminaron elevando todavía más un espectáculo que ya caminaba hacia la excelencia.
Un cierre para el recuerdo
Cuando la noche entraba en su recta final, llegaron los regalos definitivos. Gimme All Your Love, Joe, Don’t Wanna Fight y Always Alright fueron cayendo una tras otra con la autoridad de quien conoce perfectamente el peso emocional que poseen dentro de su repertorio. Cada una fue recibida con una mezcla de euforia, baile y emoción por un público completamente entregado desde el primer minuto. La sensación de comunión entre escenario y auditorio alcanzó entonces su punto más alto.
La ovación final fue atronadora. Más que un aplauso, sonó como un inmenso agradecimiento hacia una banda que había vuelto a demostrar por qué continúa ocupando un lugar privilegiado dentro de la música contemporánea. Madrid le perteneció a Alabama Shakes.
Cuando el último acorde desapareció entre los árboles del recinto, nadie parecía dispuesto a abandonar aquel lugar y, de hecho, se dirigieron hasta el espacio Momentos Alhambra para que el DJ Juan Melov continuara desafiando las agujas del reloj a base de su talento a las consolas.
La ceremonia oficiada por Alabama Shakes durante su actuación en Noches del Botánico fue una celebración de la madera, del blues, del soul, del fuego sagrado, de un rock sureño endiablado y de unas canciones capaces de permanecer por y para siempre. Un recital destinado a figurar entre los mejores conciertos que ha vivido el festival y uno de esos recuerdos que seguirán creciendo con el paso de los años.
Joel Culpepper, el alma británica que encendió el Botánico
Antes del apoteósico directo de Alabama Shakes, el artista Joel Culpepper subió al escenario para clavar certeramente su flecha sonora. Apenas necesitó los primeros compases de Tears Of A Crown para establecer un puente emocional con un auditorio completamente dispuesto a dejarse llevar.

Su propuesta resulta difícil de encerrar en una sola etiqueta porque precisamente ahí reside su mayor virtud. Soul, funk, jazz e incluso destellos de hip-hop convivieron con absoluta naturalidad en un directo que respiró libertad artística desde el primer minuto. El músico británico posee esa rara capacidad de hacer que cada canción avance más allá de sus propios límites. En directo, los acordes atraviesan cualquier piel hasta instalarse en algún rincón profundo del alma. Todo sucede con una elegancia casi innata, sin excesos, dejando que la música ocupe siempre el lugar protagonista.
Las interpretaciones de Sheriff, Kisses y Woman confirmaron el excelente momento creativo de un artista que ha construido una personalidad propia bebiendo de los grandes referentes sin convertirse jamás en una simple réplica. Mientras el calor madrileño seguía apretando entre la vegetación del recinto, Joel Culpepper ofrecía exactamente lo contrario: un oasis sonoro donde cada arreglo encontraba su espacio y cada melodía respiraba con naturalidad.
Su voz fue dejando una huella imborrable durante toda la actuación hasta desembocar en un emocionante final con Black Boy y Remember, dos interpretaciones que provocaron una ovación tan sincera como merecida. Si existe justicia musical, el británico regresará muy pronto a estos escenarios como protagonista absoluto.

Desde aquí quiero romper una lanza a favor de Noches del Botánico y su camino constante y firme por acercar a los oídos más exigentes propuestas de todo el orbe, para que el ciclo siga siendo un faro artístico y todo un referente en cuanto a conciertos y propuestas culturales.
Alabama Shakes firmó uno de los mejores directos en la historia del ciclo con madera, sus raíces sureñas y el fuego sagrado del rock de Alabama.



