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El aroma del Real Jardín Botánico de Alfonso XIII de Madrid traía esta vez un perfume puramente rioplatense. El lunes 13 de julio de 2026, en el marco de las celebraciones del décimo aniversario de Noches del Botánico, el stage principal se convirtió en un cruce generacional perfecto para el rock and pop argentino. Un puente tendido entre el presente dorado de El Zar y la leyenda incombustible de Babasónicos. Dos formas de entender la canción, la provocación y el escenario, arropadas por la vegetación de un recinto que, a estas alturas, ya es un templo de la música en la capital.

El Zar: La elegancia que conquista Madrid

Con el sol cayendo y la temperatura dando un cierto respiro, El Zar asumió la responsabilidad de abrir fuego. El dúo compuesto por Facundo Castaño Moya en la voz y Pablo Giménez en la guitarra, respaldado por una banda impecable que manejaba a la perfección el pulso entre teclados, bajo y batería, demostró por qué ha dejado de ser una promesa para convertirse en una rotunda realidad internacional.

Babasónicos Noches del Botánico
Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

Arrancaron con Perdido, un tema que marcó el tono de lo que sería su set: un equilibrio milimétrico entre la sensibilidad acústica y la contundencia bailable. Pronto llegaron La Forma de Estar Solo y No Entiendo Si Es Amor, ganándose la complicidad de un público que se dejó seducir por la limpieza del sonido y la calidez de las armonías vocales. Había sed de ver al grupo argentino y eso se evidenciaba en la química con todos los presentes.

Babasónicos Noches del Botánico
Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

La banda se movía con una serenidad envidiable, alternando la melancolía luminosa de canciones como Bahía, Rojo Rubí, Apasionado y Bandido con texturas muy cuidadas. Los temas de álbumes como Círculos, A los Amigos y el celebrado Paradiso, entre otros, brillaron con luz propia; momentos como Parte de Mí, Superstar y Paraíso ya tenían a El Zar como gran triunfador y con el auditorio metido por completo en el bolsillo.

La frondosa vegetación de El Jardín Botánico parecía acompañar la actuación y, junto a las esculturas del recinto, se movían al compás y se sumaban a los coros. Tanto la banda como los presentes se integraban en un ambiente casi cinematográfico mientras interpretaban un repertorio que conmovía. El Zar construía un viaje emocional en el que cada tema encontraba su lugar y confirmaba que el grupo posee un presente brillante y un futuro todavía más prometedor.

Babasónicos Noches del Botánico
Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

Antes de despedirse, El Zar dedicó unas palabras de sincero agradecimiento a la capital española y a sus fans. El broche de oro, con la ovación del Botánico de fondo, lo pusieron de la mano de El Momento Perfecto y La Declaración. Un directo sobresaliente, fresco y sin fisuras, rubricando que se encuentran en uno de los mejores momentos de su trayectoria. Tras el sólido y elegante show, se retiraron dejando su huella en el alma de todos los presentes. El Zar continúa ampliando horizontes sin perder autenticidad.

Babasónicos: tres décadas desafiando cualquier etiqueta

Con el escenario ya transformado, apareció Babasónicos. Una gran pantalla central dividida en tres paneles presidía la escenografía, mientras las pantallas laterales alternaban imágenes en directo con un cuidado universo visual lleno de texturas, colores y efectos hipnóticos que acompañaron prácticamente todo el concierto.

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Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

Desde el primer instante quedó claro que la puesta en escena formaba parte del propio discurso artístico. Nada parecía casual. La banda abrió con Revelación y Tiempo Off, dos piezas recientes de Cuerpos, Vol. 1 que fueron preparando el terreno hasta la llegada de uno de los primeros grandes momentos de la noche con Pijamas. Ahí el anfiteatro terminó de entregarse definitivamente.

Después de más de treinta años de carrera, Babasónicos sigue demostrando que su mayor fortaleza reside en la capacidad de cambiar constantemente de registro. En apenas unos minutos pueden llevar al público desde una descarga de adrenalina hasta un medio tiempo de enorme delicadeza, siempre con una naturalidad que parece desafiar cualquier lógica estilística.

Un viaje por toda su discografía

El repertorio recorrió distintas etapas de una trayectoria imprescindible, deteniéndose en discos como Jessico, Mucho y Anoche. Cada bloque encontraba una respuesta distinta del público, que acompañaba prácticamente todas las canciones.

Las Demás, Risa y Putita llegaron envueltas entre cánticos futboleros que surgían espontáneamente desde diferentes sectores del recinto, impulsados por el ambiente que estos días acompaña a la competición mundialista disputada en el continente americano. Lejos de romper la dinámica del concierto, aquellos momentos añadieron un componente festivo que la banda dejó fluir con naturalidad.

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Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

La intensidad volvió a dispararse con Estoy Rabioso, mientras Puesto desplegó el perfil más pop del grupo. Después llegó la psicodelia bailable de Microdancing, antes de desembocar en la electrónica envolvente de La Pregunta, uno de esos momentos donde la producción visual alcanzó su máxima expresión, fusionando música e imágenes en una experiencia inmersiva.

Sobre el escenario, Adrián Dárgelos volvió a demostrar por qué continúa siendo uno de los grandes frontman del rock latinoamericano. Elegante, imprevisible y dueño absoluto de los silencios, cada uno de sus movimientos parecía dialogar con las canciones mientras el resto de la banda sostenía un sonido compacto y sofisticado.

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Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

El arte de reinventarse canción tras canción

El concierto siguió sorprendiendo con la delicadeza de Mimos Son Mimos, la tensión de Paradoja y dos clásicos como Cómo Eran las Cosas y Bye Bye, interpretaciones que confirmaban la capacidad de Babasónicos para seguir sonando plenamente actuales. La conexión emocional alcanzó uno de sus puntos más altos cuando Carismático enlazó directamente con Yegua. El público respondió cantando cada verso mientras las luces envolvían el escenario y los fans.

Más que un simple recorrido por su catálogo, el concierto terminó convirtiéndose en una demostración de cómo una banda puede seguir explorando nuevas texturas y sonidos sin perder la personalidad que la ha convertido en una referencia del rock alternativo argentino y que cada acorde suyo sea un nuevo latido en sus seguidores.

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Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

Un final a la altura de una noche especial

Tras una breve salida del escenario, llegaron los bises. El regreso estuvo acompañado por una ovación atronadora antes de afrontar dos clásicos imprescindibles: ¿Y Qué? y El Colmo. Los últimos acordes volvieron a mezclarse con los cánticos futboleros que durante buena parte de la noche habían acompañado el ambiente del recinto, cerrando una velada donde pasado, presente y futuro del rock and pop argentino convivieron con absoluta naturalidad.

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Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

Mientras el público abandonaba lentamente el anfiteatro de Noches del Botánico, quedaba la sensación de haber asistido a una noche que explicó dos maneras diferentes de entender la música. El Zar confirmó que atraviesa un presente brillante y un futuro abierto a cualquier escenario internacional. Babasónicos, por su parte, volvió a demostrar que hay bandas cuya época nunca termina porque siguen escribiéndola cada vez que suben a un escenario.

DJ Juan Melov hizo latir el Botánico

Antes de que tuvieran lugar los conciertos, en la Zona Momentos Alhambra de Noches del Botánico, la tarde fue tomando temperatura mucho antes de que Babasónicos y El Zar pisaran el escenario. El encargado de encender la mecha fue el DJ Juan Melov, que convirtió la espera en una auténtica celebración donde la música, el baile y una cerveza bien fría fueron los ingredientes perfectos para arrancar la noche.

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Fotos de Víctor Daniel Hernández @vdhmphoto

Lejos de limitarse a pinchar canciones, Juan construyó una sesión llena de energía, guiando al público por un recorrido de himnos que todos llevaban guardados en la memoria. Temazo tras temazo, consiguió que los asistentes cantaran, sonrieran y se dejaran llevar mientras disfrutaban en uno de los espacios más especiales del festival.

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Autor

  • Babasónicos Noches del Botánico

    Redactor, fotógrafo y entrevistador de Arepa Volátil. El riff como capa, la poesía como espada y el rock and roll como sangre bendita. La música, el único escudo.

    Escritor de pluma honesta, siempre atento a las propuestas emergentes, a los artistas que rompen moldes y con devoción suprema a los dioses de la música.

    Rockstar a mi manera.
    Los shows en directo, la sal de la vida.