Lo que se vivió en Zaragoza, el pasado día sábado 5 de septiembre de 2026, fue un Vive Latino 2026 con dos orillas del océano hablando el lenguaje de la celebración cultural de miles de personas que colmaron el Recinto Expo de la capital aragonesa. Si ya la primera jornada nos había dejado un excelso sabor de boca, el segundo día prometía emociones fuertes y cumplió con creces.
El calor abre paso al ritmo
A las 17:15 hs, cuando el sol todavía caía con intensidad en la ciudad, Multipla abrió la segunda y última jornada de Vive Latino España 2026. Era la hora en la que el festival empezaba a tomar temperatura de verdad, con miles de personas entrando, buscando agua, algo para comer y, sobre todo, ese primer concierto que marca el tono, el pulso. El sábado llegaba después de un viernes de grandes nombres y una respuesta multitudinaria. La quinta edición contó con 45.000 asistentes durante el fin de semana. El Espacio Expo, con sus tres escenarios Ámbar, Caja Rural de Aragón y Escena VL, y amplias zonas de circulación, volvía a funcionar como una pequeña ciudad dedicada a la cultura iberoamericana. Se veía cómo los fans diseñaban una ruta musical propia, saltando del rock madrileño al son cubano, del pop mexicano a la electrónica, del flamenco urbano a la psicodelia tropical.

El pañuelo cachirulo, uno de los símbolos propios de la tierra, era portado por algunos artistas que lo llevaron atado a la ropa, otros lo lucieron colgado a los micrófonos y hubo quien lo lució en la muñeca. Zaragoza estaba presente y se hacía notar.
B.V. All Stars tomó el escenario y aumentó la temperatura, aunque el termómetro siguiera jugando por su cuenta. Con una banda precisa, compacta y perfectamente engranada, el repertorio pasó por Chan Chan, Dos Gardenias y El Cuarto de Tula. La respuesta: inmediata, con miles de cuerpos buscando el compás y bailando. La actuación volvió a poner sobre la mesa una de las grandes virtudes del formato Vive Latino: colocar frente a un mismo público músicas de geografías diferentes y descubrir que muchas de ellas ya tienen una casa común, el propio festival.
En Escena VL, El Verbo Odiado recogía el testigo con Siempre Hay Alguien, Estaciones y Demasiado Tarde, mientras el recinto iba ganando densidad. Por su parte, Biznaga apareció en Ámbar con su electricidad punk-rock. Espíritu del 92, Madrid Nos Pertenece, La Gran Renuncia y El Entusiasmo funcionaron como una descarga directa, sin concesiones. El público respondió con saltos, coros y esa energía física que exige el rock cuando se toca al aire libre y con miles de personas delante.

Veintiuno, Guitarricadelafuente y el vínculo con Zaragoza
Veintiuno, con su habitual teléfono rojo sobre el piano y un repertorio diseñado para el formato festival. Cabezabajo, Perder los Modales, La Ruina, Troya, La Toscana, Dopamina y La Vida Moderna fueron algunas de las piezas con las que volvieron a demostrar que saben construir un recital completo. El teléfono rojo, convertido en elemento reconocible de su puesta en escena, funciona como una llamada al éxtasis. Mientras tanto, Hermanos Martínez comenzaban a dejar señales de que su nombre está preparado para escenarios cada vez mayores. Para Qué Me Escribes, Canalla y Rottenmeier dibujaron un directo todavía en crecimiento, pero con esa química entre sus integrantes que permite imaginarles ocupando posiciones cada vez más altas en los carteles.

Guitarricadelafuente emergió con una puesta en escena de fuerte componente visual. Las plumas sobre sus hombros y la manera de ocupar el escenario lo convertían durante algunos momentos en una figura casi mitológica que afronta cada pieza como un latido, como se contempló en Guantanamera, Tramuntana, BABIECA!, Full Time Papi y Calypso, entre otras. Hubo, además, un momento especialmente personal. El artista habló de su relación familiar con Zaragoza y recordó que sus padres se conocieron en una discoteca de la ciudad y terminó portando una bandera de Aragón.
Ojete Calor, Siloé, Esteman y Daniela Spalla con el festival convertido en coro
Ojete Calor se apoderó del público con un show que tiene algo de concierto, función, happening y fiesta de amigos que se ha ido de tamaño. Mocatriz, Viejoven, Agapimú, Extremismo Mal y Le Di un Morreo convirtieron el recinto en un gigantesco coro. Entienden perfectamente que la actuación festivalera. Acto seguido, en el stage Ámbar, Siloé apareció a las bajo esa aura especial que luego adquirió significado de liturgia con la cruz roja de neón que presidía el escenario. Quédate Esta Noche, Que Merezca la Pena, Terrorismo Emocional, Si Me Necesitas, Llámame y Todos los Besos formaron parte de un repertorio que combinó músculo rock, entrega, karaoke colosal y melodía. Gran momento ofrecieron con su versión de Personal Jesus, de Depeche Mode. La canción añadió una textura distinta al concierto y permitió comprobar cómo el grupo puede llevar un clásico a su propio terreno sin convertirlo en una simple reproducción nostálgica.

Esteman y Daniela Spalla convertían Escena VL en uno de los espacios más elegantes de la noche. Vestidos de rojo sangre, los artistas compartieron escenario y canciones, combinando sus respectivas identidades con coreografías magnéticas y una puesta en escena cuidada. El concierto giró especialmente alrededor de Amorío, un disco que permitió que ambos mundos convivieran con naturalidad. Hubo canciones compartidas y momentos en solitario. La química fue uno de los grandes atractivos de la presentación y dejó la sensación de haber asistido a uno de esos conciertos que terminan demasiado pronto.
Ultraligera: gong, banderas y lucha libre
Un gong instalado en el centro del escenario y lentamente comenzó a elevarse una bandera con la portada de Lapsus, mientras sonaban melodías de inspiración oriental. Ultraligera aterrizaba y convertía el Vive Latino en una pieza de teatro de fuego y rock. Llegó Pelo de Foca y, con ella, una representación de Lucha Libre mexicana sobre el propio escenario.

La banda utilizó la estética de la lucha como parte del espectáculo, anticipando de alguna manera el espíritu que se respiraba en otras zonas del recinto. Despliegan talento, energía y oficio en cada acorde. Gisme, como uno de los mejores frontmen del panorama nacional, pasó de la máscara de luchador a la corbata y de ahí a lanzarse hacia el público, jugando continuamente con su físico. Lapsus, Tu Problema, La Basura y Matanza en el Hotel fueron proyectiles sonoros. Más allá del espectáculo, es para destacar la calidad sonora. Cada canción llegaba bien definida. Y esa aparición de la lucha libre sobre el escenario tenía sentido dentro del ADN del festival. En Vive Latino, la cultura mexicana no aparece como decoración, forma parte de la experiencia.

La M.O.D.A. y el gran karaoke de la madrugada
Pasada la medianoche, las campanas de la Basílica del Pilar parecían competir con el ruido del festival. Tras una introducción con Nino Bravo, una nube de humo cubrió el escenario con su decoración de azotea y apareció La M.O.D.A.. La agrupación de Burgos juega en una liga particular cuando llega a un festival de este tamaño. Su música tiene una capacidad inmediata para convertir a miles de personas en un coro perfectamente sincronizado, tal como se escuchó en Nómadas, 1932, Héroes del Sábado, San Felices, Alsa pa Madrid, La Vieja Banda, Los Tiempos Que Vivimos y No Te Necesito Para Ser Feliz. La sensación era festiva, con brazos levantados y voces a todo pulmón que llegaban hasta el firmamento. Desde Burgos hasta el corazón de Zaragoza, La M.O.D.A. volvió a demostrar por qué sigue siendo una de esas formaciones que ganan dimensión cuando se encuentran con un público numeroso.

Comer, beber y participar en el Vive Latino
Entre concierto y concierto, Vive Latino volvió a recordar que su propuesta se construye también alrededor de lo que sucede entre los escenarios. La Zona Gastronómica ofreció una combinación de sabores del mundo. El festival tiene esta zona como uno de los pilares de la experiencia, con una oferta que busca representar ambos lados del océano. A destacar: La Cantina Vive Latino, tematizada con flores, sombreros de mariachi y una estética mexicana, se convirtió, además, en uno de los rincones más fotografiados. El festival sumaba tatuajes, concursos, activaciones de patrocinadores, espacios de hidratación y un stand dedicado a Aragón Turismo, donde se promocionaban algunos de los paisajes y atractivos naturales de la comunidad.
Fans llegados desde diferentes puntos cardinales siguiendo a una banda española terminan bailando una cumbia mexicana; quien viene por un artista latino descubre una banda de rock de Zaragoza; quien llega por los conciertos acaba hablando de comida, lucha libre, etc., dentro del Vive Latino, festival que funciona como un puente cultural entre las dos orillas del océano, con la lengua como hilo conductor, pero alrededor aparecen la música, la gastronomía, las costumbres y las referencias compartidas.
Lucha Libre mexicana: un capítulo propio
En el recinto se instaló un ring específico para exhibiciones y combates, una de las propuestas que el festival integra dentro de su programación cultural. La organización incluye expresamente la lucha libre, junto a la gastronomía y otras actividades, como parte de la experiencia del festival. Durante la jornada, el ring se convirtió en punto de reunión. Las máscaras, los personajes, los saltos, los golpes y la reacción del público producían una atmósfera completamente diferente a la de los conciertos, con gritos, aplausos, abucheos y celebración en cada combate. La presencia de la lucha libre completaba el relato cultural del Vive Latino.

La Plazuela, Graná de madrugada
La Plazuela desde Granada aportó una de las mezclas estilísticas más particulares del cartel. Si Miro Patrás y 18010 fueron dos de los momentos reconocibles de una propuesta que se mueve con comodidad entre electrónica, flamenco, pop y tradición andaluza. El público encontró aquí otra manera de bailar con duende. Mientras tanto, División Minúscula llevaba su rock mexicano a Escena VL con Sognare, Días de Glaciar y Las Luces de Esta Ciudad.

Begut, por su parte, puso sobre la mesa Un Beso de Sol, Honolulu y Que Me Da Miedo, mientras Sonido Gallo Negro hacía lo propio con su universo psicodélico y tropical. El Mercado de los Brujos, Cumbia de Sanación, Cumbia de los Muertos, Mambo Infierno y Baila Mambo sirvieron para que el público descubriera una propuesta que ganó nuevos seguidores durante la madrugada, y la última palabra fue para Rialto, quien, con una sesión de clásicos remixados a las consolas, despedía el Vive Latino con energía y con la madrugada como testigo.

Un festival que habla el mismo idioma en muchas acentos
El día dos del Vive Latino España 2026 empezó con el sol todavía castigando el recinto y terminó con la luna bailando con artistas como Multipla, B.V. All Stars, El Verbo Odiado, Veintiuno, Hermanos Martínez, Guitarricadelafuente, Siloé, Ultraligera, La M.O.D.A., Esteman, Daniela Spalla, Begut, Sonido Gallo Negro y La Plazuela.

Desde Arepa Volátil agradecemos a la organización y al área de prensa por su profesionalidad, enorme trabajo y colaboración para que podamos desarrollar nuestra cobertura periodística.
Ese es probablemente el gran valor de Vive Latino: construir un puente cultural sólido y heterogéneo. Tras dos intensas jornadas con un éxito rotundo donde se abrazaron la música, la gastronomía y el arte, se despedían el festival hasta el año próximo en Zaragoza. Vive Latino es encuentro y volvió a ser durante dos días un latido al unísono de miles de personas. Nos vemos en ¡2027!



